
Últimamente, el gobierno de Bolivia y las instituciones populares que lo apoyan han enarbolado el nombre de Ernesto “Che” Guevara como ejemplo de virtud “revolucionaria”. Claro está, este nuevo proceso “revolucionario” viene enmarcado en la euforia popular y dado que es el pueblo quien la ensalza no podemos discutirla.
Era 1967 cuando el “caudillo” vio truncado su deseo (como tantos otros anteriormente) de liberar a los pueblos oprimidos, solo que esta vez no solo fracasaba en su empeño si no que acababa con su vida en el intento; todo ocurrió en un pueblito olvidado del mundo llamado Ñancahuazú. 39 años de ello han pasado y hoy el “caudillo” resurge, no podemos decir de entre las cenizas, ya que nunca fue cremado y al parecer se enterró su cuerpo – exceptuando las manos que todavía darían una gira por el mundo, antes que acabaran en la Habana – en una fosa común junto a tantos como lo acompañaron en su delirio.
En todo esto, lo que más me llama la atención, es que el ejemplo del “caudillo”, que ahora en más llamaremos propiamente “El Comandante”, solo fue de fracaso; ya que paso del trastrabille a la pérdida y de ahí a la muerte. No niego que en mi tierna juventud idealista, revolucionaria y reaccionaria, admiraba al “Che” y todavía le tengo el mismo aprecio nostálgico que también guardo por Peter Pan.
Y digo esto último no por desmerecer cualquier logro que haya podido tener o hacer el “El Comandante”, pero hay que reconocer que fue agraciado por una de las más grandes campañas publicitarias de la historia moderna y al mínimo costo. Apenas muerto, la pletórica juventud hipista del mundo gritaba su nombre, estampaba su rostro en sus playeras y calzaba en la cabeza la pintoresca boina tan distintiva con la estrella a un lado; todo esto apoyado, por supuesto, por el extinto bloque comunista y por su ex compañero de armas, Don Fidel. Representaba el ideal juvenil de los sueños jamás alcanzados y creo que todavía lo representa.
El “Che” se levantó, monto su caballo con alas y con una espada de fuego se propuso purificar América (perdón, no solo América, sino el mundo) lamentablemente cuando despertó se dio cuenta que había fracasado, se encontraba recostado en una choza de barro y faltaba muy poco para que un soldado ejecutara unas cobardes ordenes y lo matara.
Si bien sus intenciones fueron más que nobles, sus preocupaciones genuinas y sus deseos sinceros, el “Che”, nunca llegó a completar, concluir o bien establecer algo concreto respecto a lo que se propuso hacer.
Estuvo donde estuvo, lo cierto es que no dejó nada. De su permanencia en cada lugar, solamente queda la estela de su misticismo, unos discursos atenuados por cada circunstancia y esas… sus intenciones.
Fue consecuente consigo mismo hasta el último momento, eso nadie se lo quitará jamás, después de todo El Comandante, El Che Guevara... fue el último idealista de América.
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