Wednesday, October 11, 2006

El verdadero sabor del café


El olor del café torrado es para mí de los más exquisitos, que llena de felicidad los recuerdos de mi niñez; pero eso es parte de otra historia.

Por lo que no es del sabor y aroma del liquido precisamente de lo que me ocupo ahora, sino de la plena alegoría de lo que para mi representa; para mi, los hombres son como el café, hay que tomarlos mientras están calientes, una veces con azúcar y otras solos, en las mañanas con leche y en las áridas tardes de mi Chuquiago con un copo de helado de vainilla para que se enfríen de a poquito mientras se van endulzando y adquiriendo el gusto entre lo amargo y dulce; en las noches a la luz de la luna o cerca de una fogata para calentarse de adentro hacia fuera.

Hay algunos, puro cuerpo, saben bien al principio pero en demás son muy espesos, están incluso esos instantáneos que con solo batirlos un poquito y ya. Y ahora, en toda la onda del café groumet, la variedad es tan grande que la comparación es increíble, los hay de todos los sabores y para todos los gustos y no dejan de ser café… excepto aquellos que por darse de muy exóticos dejan de tener la esencia que se requiere en un hombre, perdón en un café. En todo no hay nada como el café puro, simple, sencillo cuyo aroma, sabor y contextura es la de siempre y la que siempre atraerá mi atención y la de muchos otros catadores como yo.

Solo que tomarlo en exceso provoca gastritis.

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