
Han pasado algunos meses, podría decir con exactitud cuantos e incluso los días, pero no tiene sentido hacerlo. Te escribo esta carta sabiendo que no la leerás y en realidad es que la escribo para mí. Hay días en que te extraño más que otros y hoy es uno de esos días cómo lo fue ayer y tal vez lo sea mañana. Tengo tantas cosas que contarte y me gustaría poder ver tu sonrisita chueca cuando lo que te cuento te haga gracia y así seguir mientras yo no paro de hablar y tú finges prestarme toda tu atención. Quizás haya comprado el helado que tanto te gusta y te lo sirva en una copa y tú lo saborees volcando la cucharilla sobre tu legua. Quisiera que pudiéramos salir a caminar en estos días, que llueva ligerito y los dos estemos bajo un mismo paraguas y cuando estemos por llegar allá a donde nos dirijamos, pues que salga el sol como lo hace en esta ciudad loca, loco clima, locos nosotros. Algunas noches salgo en el auto, sin rumbo, escuchando música conduzco bajo las luminarias dejando pasar a algunos apurados… no te preocupes ya no reniego contra ellos ni contra los minibuseros o los radiotaxistas, sólo los dejo pasar cómo siento que todo me pasa por delante y yo no hago nada, alguna de esas algunas noches se me escapa alguna lágrima que tampoco soy capaz de retener. No sé lo que me pasa pero me siento muy mal, todavía tengo celos de quien pueda estar contigo, se que es estupido pero lo siento así; es falso eso de “corazón que no ve, corazón que no siente” yo lo siento y muy dentro y me duele. La verdad, después de todo, es q nunca te he dejado y todavía te dedico algún pensamiento por las mañanas y me acompaña tu recuerdo en las noches… sólo me he alejado para que deje de doler y la cosa es que me punza más; si bien ya no me hiere. Sólo te escribo para decirte que te quiero, que estoy bien y que sigo aquí.
















